Los electrodomésticos están presentes en todos los hogares y su uso intensivo los convierte en uno de los focos más habituales de incidencias domésticas.
Sin embargo, lejos de lo que muchos consumidores piensan, una gran parte de estas averías no sólo tiene solución, sino que además podría evitarse con un mantenimiento básico.
Según estimaciones del sector, cerca del 70% de los electrodomésticos que fallan pueden alargar su vida útil varios años si se actúa a tiempo y con un servicio técnico cualificado.
El impacto económico tampoco es menor. Reparar una lavadora puede situarse entre los 80 y 180 euros en función de la avería, mientras que sustituirla supera fácilmente los 400 euros. En el caso de frigoríficos, una reparación media ronda los 100-250 euros, frente a los más de 600 euros que puede costar un equipo nuevo.
Esta diferencia está impulsando un cambio progresivo en los hábitos de consumo, con un mayor interés por la reparación frente a la sustitución.
Las averías más comunes
Las lavadoras encabezan el ranking de incidencias en el hogar. Los fallos en el centrifugado, los problemas de desagüe o los ruidos excesivos durante el funcionamiento son los más habituales.
“Muchas veces, estos problemas están relacionados con un uso inadecuado, como sobrecargar el tambor o utilizar detergentes en exceso. También es habitual que los filtros se obstruyan con pelusas, monedas u otros pequeños objetos, lo que dificulta el correcto drenaje del agua”, explican desde servicio técnico Balay Oviedo.
En estos casos, una intervención sencilla puede evitar daños mayores, ya que ignorar estos síntomas puede derivar en averías en la bomba de agua o el motor, cuyo coste de reparación es más elevado.
En el caso de los frigoríficos, la pérdida de capacidad de refrigeración es una de las incidencias más comunes. Este problema no solo afecta a la conservación de los alimentos, sino que también incrementa el consumo energético hasta en un 30%.
Las causas suelen ser acumulación de hielo en modelos sin sistema no frost, fallos en el termostato o una ventilación deficiente.
Mantener una correcta organización interna, evitar introducir alimentos calientes y revisar periódicamente las gomas de la puerta son acciones simples que pueden marcar la diferencia en el rendimiento del aparato.
Los hornos, por su parte, suelen presentar problemas relacionados con la temperatura, especialmente cuando dejan de calentar de manera uniforme o no alcanzan el nivel deseado. Estas averías suelen estar vinculadas a resistencias dañadas o sensores defectuosos. A ello se suma un factor muchas veces ignorado: la acumulación de grasa.
Qué recomiendan desde los servicios técnicos
Más allá de cada electrodoméstico, los expertos coinciden en que el mantenimiento es el principal factor que determina su durabilidad.
Pequeños gestos como limpiar filtros, no sobrecargar los aparatos o revisar elementos clave pueden reducir significativamente la probabilidad de fallo.
De hecho, se estima que un electrodoméstico bien mantenido puede aumentar su vida útil entre un 30% y un 50%.
No obstante, hay un punto en el que la intervención profesional resulta imprescindible: cuando el aparato deja de cumplir su función principal, presenta fallos eléctricos o los problemas persisten tras una revisión básica.
Intentar reparar averías complejas sin conocimientos adecuados puede agravar el problema e incluso generar riesgos para la seguridad.
Contar con profesionales cualificados permite no solo diagnosticar con precisión, sino también garantizar el uso de repuestos adecuados y ofrecer una solución duradera y, lo más importante, garantizada.