Durante años, las consolas de videojuegos fueron sustituidas por nuevas versiones y generaciones cada vez más potentes.
Sin embargo, mientras las novedades tecnológicas avanzaban hasta el punto de llegar a incorporar la inteligencia artificial y nuevos interfaces llenos de gráficos, una parte de los jugadores comenzó a mirar hacia atrás.
Las máquinas con las que descubrieron los videojuegos volvieron a ocupar un espacio en estanterías, mercadillos y tiendas especializadas, esta vez no solo como dispositivos para jugar, sino también como objetos de colección.
El fenómeno de las consolas retro tiene además una particularidad: buena parte del mercado está formado por unidades de segunda mano. Son máquinas que han pasado por varias manos, han permanecido guardadas durante años o incluso han sobrevivido a mudanzas y cambios de vivienda. Precisamente por eso, comprar una pieza de este tipo requiere prestar atención a detalles que no siempre aparecen en las fotografías.
“El atractivo de una consola antigua no se limita a sus prestaciones. Para quienes crecieron con ellas, recuperar una determinada máquina significa volver a una época concreta de su vida. El diseño de la consola, los mandos, los cartuchos e incluso los sonidos al encenderla forman parte de ese recuerdo”, comentan desde 8Bits Games.
Esa carga emocional también explica que se hayan convertido en una opción de regalo para personas que tuvieron contacto con los videojuegos durante las primeras generaciones domésticas. No se trata necesariamente de encontrar la máquina más rara o cara, sino de identificar cuál puede tener un significado especial para quien la recibe.
Además, el coleccionismo ha ampliado el interés por estos dispositivos. Algunos compradores buscan consolas completas, con caja, manuales y accesorios originales, mientras que otros prefieren unidades que puedan utilizarse habitualmente.
Qué comprobar antes de comprar una consola usada
El primer paso es determinar qué se está comprando. No es lo mismo adquirir una consola original de hace décadas que una reproducción moderna con aspecto clásico. Ambas pueden resultar interesantes, pero tienen características, precios y valor de colección diferentes.
En una consola usada conviene comprobar, siempre que sea posible, que enciende correctamente y reconoce los juegos. También es importante revisar los conectores, la salida de vídeo, el compartimento de pilas cuando exista y el estado de los mandos.
El aspecto exterior puede ofrecer pistas. El plástico amarillo, las grietas, tornillos deteriorados o señales de apertura no significan necesariamente que la consola no funcione, pero sí pueden indicar que ha sido reparada o modificada. Si se busca una pieza para colección, estos detalles tienen especial importancia.
También merece la pena preguntar por las modificaciones. Algunas consolas antiguas han sido adaptadas para funcionar con televisores actuales o con diferentes formatos de juegos. Una modificación bien realizada puede resultar práctica, pero afecta a la originalidad de la pieza.
Para regalar, además, hay que pensar en algo tan sencillo como la disponibilidad de juegos. Una consola puede tener un enorme valor sentimental, pero si los títulos compatibles son difíciles de encontrar o tienen precios elevados, quizá termine teniendo más presencia decorativa que uso.