Heredero de Huidobro, Pessoa y Juarroz, Alberto Trinidad se nos muestra como el poeta que atestigua la decadencia de un lenguaje sonámbulo, de una poesía suplente de sí misma, de un mundo desaparecido tras los cortinajes de su representación.
El poeta que es consciente de haber dejado de escribir y que, aun así, sigue escribiendo para taquigrafiar el silencio que ha dejado la ausencia de la poesía, para topografiar el vacío del abismo. El poeta que acude a la metáfora como a una tabla de salvación improbable, reconociendo en ella el último escaparate sobre el cual seguir manteniendo la ilusión de un sentido: un significado que el azar, la realidad, el nacimiento y la muerte nos arrebató. El poeta que, mudo, nos acompaña en esa travesía imposible.
Alberto Trinidad
Nació en Barcelona el 25 de noviembre de 1975. Un día se puso a escribir y descubrió que, al plasmar ciertas palabras en un papel en blanco, los cielos, los mares y las cloacas de los cementerios cambiaban de apariencia. Desde entonces, vive encerrado en el hospital psiquiátrico de su cerebro. Allí ha escrito varios libros, de los cuales ha editado las novelas Minorías de uno, El Arquitecto de Atmósferas, El Cirujano del Cielo y Amanecer, nadie y tú , y la obra de teatro infantil ¿Dónde está la ilusión? Durante los permisos que le han ido concediendo para salir de ese hospital sumergido, se ha licenciado en Filología Hispánica y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, y cuentan que fundó una editorial independiente. En su último permiso se ha decidido a publicar Taquigrafía del silencio, una selección de sus poemarios inéditos.
El escritor y editor de Ápeiron Roberto Vivero menciona en su nota abierta varias de las claves esenciales de la obra.
“No hay mejor situación que la paradoja para aproximarse y entrar en Taquigrafía del silencio, donde las palabras nos exponen no solo a las contradicciones inherentes a todo decir, sino a las de la más mínima formación viva, sujeta, en su devenir, a ser y no ser al mismo tiempo. ”
“Entonces, ¿qué es ese otro espacio que abre la paradoja y que acoge a la paradoja? ¿Qué espacio es ese que abre la poesía para que la poesía tenga lugar? No puede ser ningún espacio liso, limpio y perfectamente delimitado; por antonomasia, el espacio de la razón. Tiene que ser un espacio que se parezca a la piel, un lugar osmótico, en devenir, archienemigo de lo inmaculado. Es más, ha de ser justo ese espacio.
Y ese espacio que abre Taquigrafía del silencio y que acoge su poesía es la mano: la mano con sus líneas, con el camino trazado desde siempre y con los surcos de la experiencia azarosa; unas líneas que no son renglones y rayas para llenar con letras y notas, sino que dicen la cosa misma de la manera más completa posible: con la aparición y con la ausencia, con el sonido y el silencio de todo lo misterioso que re-vela, que habla callando.”