El candidato conservador Guillermo Lasso asumió el pasado 24 de mayo la presidencia de Ecuador, en medio de la más grave crisis económica que haya vivido esa nación en su historia contemporánea.
El exbanquero de 65 años, como presidente también deberá hacer frente al colapso sanitario generado por la pandemia de la Covid-19. Dicho de otro modo, se hará cargo de un país que está casi en bancarrota.
Todo lo que hay que saber sobre la actual situación económica y sanitaria de Ecuador
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Problemas que debe enfrentar Guillermo Lasso
La situación financiera de Ecuador es sumamente grave. Como se sabe, su economía está dolarizada y el brote de coronavirus generó una disminución importante en los precios del petróleo haciendo que para obtener recursos haya tenido que aumentar sus niveles de endeudamiento, debido a que se trata de una nación dependiente del crudo.
Por si esto fuera poco, las reservas internacionales del país han llegado a mínimos históricos y en las arcas fiscales apenas queda dinero. Pero ¿qué piensa hacer Guillermo Lasso para hacer frente a esta situación?
Mejorar las condiciones de pago y aumentar el financiamiento
No se puede responsabilizar directamente al coronavirus por la crisis económica que vive Ecuador, ya que, cuando estalló el brote, las finanzas ya estaban bastante maltrechas.
Quizás lo más grave es el déficit fiscal que arrastra desde el año 2009 y los créditos que han tenido que solicitar a los organismos multilaterales, sobre todo al Fondo Monetario Internacional (FMI).
El nuevo presidente debe trata de mejorar las condiciones de pago con el organismo de préstamos y, de igual manera, tendrá que luchar contra una contracción económica de casi el 8%.
El servicio de deuda y el gasto fiscal ecuatoriano son inmensos, por lo que Lasso tiene dos caminos. Acceder a más préstamos provenientes del FMI o endeudarse con China, que no solo le cobra altísimos intereses sino que le exige garantías petroleras.
Alternativas distintas al petróleo
Aunque Ecuador propiamente no es un estado monoproductor, es por tradición dependiente del crudo y durante los años 2008 y 2009, cuando el precio del barril de petróleo llegó a 117 dólares, el mandatario de turno no fortaleció otros sectores de la economía.
Por el contrario, tomó medidas populistas que a la larga no han beneficiado en absoluto a la población. Incluso la agricultura, que pudo haber sido potencializada para exportar una mayor cantidad de café, cacao y frutas tropicales, fue abandonada.
Lasso deberá hacer frente a esta situación y cumplir una de sus mayores promesas electorales, la cual fue expandir este sector otorgando créditos sociales de muy bajo interés.
Para poder hacer esto, el presidente conservador debe, necesariamente, aumentar la inversión extranjera y reimpulsar la producción de petróleo que en el último año se ha visto abandonada.
Sin embargo, el primer mandatario debe esperar a que la economía mundial se recupere, ya que, con un barril de crudo a 60 dólares no generarían ningún beneficio significativo a Ecuador para poder salir de la crisis.
Ecuador posee en la actualidad una deflación de 0,8%, como se sabe, esto es una inflación negativa y ocurre porque en el país hay muy poco consumo y el ciudadano solo se limita a comprar estrictamente lo indispensable.
A pesar de que el salario mínimo ronda los 400$ mensuales, siendo considerado uno de los más altos de Latinoamérica, el costo de la vida es considerado también uno de los más altos.
Si a esto se le suma que en el año 2019 se puso fin a los subsidios de combustible, situación que generó un estallido social y ahuyentó a una gran cantidad de inversores, la pobreza ha ido aumentando de manera paulatina llegando a un 35%. Lasso deberá establecer programas sociales que puedan hacer frente a este tipo de situación.
El problema está en que cualquier tipo de ayuda que pretenda otorgar a las poblaciones más vulnerables, a la larga tendrá que dársela a la mayoría de los ecuatorianos, ya que, si bien es cierto que el desempleo solo alcanza el 6%, el 42% de la población vive del subempleo.
Complejo escenario económico
Ecuador necesita desesperadamente dinero fresco, existe un fuerte y evidente descontento social y el nuevo presidente no tiene una mayoría contundente en el congreso.
Pero, si Lasso no toma las medidas adecuadas en los próximos días, pueden generarse acciones en la calle por parte de los ciudadanos, lo que pondría en riesgo la estabilidad de su gobierno.
Cuando el FMI le prestó dinero a Ecuador en el año 2019, dejó muy claro que era necesario hacer una reforma fiscal. Esto es quizás uno de los más grandes desafíos del ajuste económico que debe llevar a cabo el primer mandatario.
Pero, para que el organismo multilateral pueda darle más dinero, debe eliminar cualquier tipo de ayuda social y subsidio. Es decir, tendría que arriesgarse a aumentar la pobreza y generar un descontento nacional.
Por su parte, los chinos ofrecieron su apoyo al nuevo mandatario pero las condiciones de estos son sumamente duras y, si bien no existen ajustes macroeconómicos como lo hace el FMI, los requisitos de su crédito son desventajosos para cualquier nación.
Guillermo Lasso ya manifestó al Fondo Monetario Internacional que estaba de acuerdo en reformar el sistema tributario, pero, bajo ningún concepto, aplicaría un incremento al IVA.
Asimismo, les dijo que será necesario reducir el gasto público y el tamaño del estado. Ahora le queda esperar la decisión que pueda tomar el FMI, para saber si otorga más dinero o cambia los términos de las negociaciones.
Ecuatorianos esperan por las promesas de Lasso
El pueblo de Ecuador no olvida que durante su campaña presidencial Lasso ofreció subir el salario mínimo a 500 dólares mensuales, así como crear un pago directo por concepto de sueldo a las amas de casa, que no sería inferior a 210 dólares.
Además, se comprometió a atender de manera directa, a las 300.000 familias registradas en el umbral de pobreza extrema.
La dificultad que se le presenta al nuevo presidente de Ecuador, es que deberá cumplir de manera simultánea sus promesas de disciplina fiscal y la ayuda a los más desposeídos, de forma tal, que pueda garantizar la gobernabilidad del país sin dejar a un lado su agenda económica y política.