Los accidentes de tráfico con lesiones graves plantean reclamaciones especialmente complejas desde el punto de vista médico, jurídico y probatorio. En Cataluña, el Servei Català de Trànsit registró en 2025 un total de 193 personas fallecidas en 185 accidentes mortales y 1.884 personas heridas graves en siniestros de tráfico. En el conjunto de España, la Dirección General de Tráfico contabilizó 1.028 siniestros mortales, con 1.119 personas fallecidas y 4.936 heridas que requirieron hospitalización en vías interurbanas.
Más allá del impacto inicial, los expedientes con lesionados graves pueden prolongarse durante meses o años. La valoración de la indemnización exige analizar no solo la lesión inicial, sino también sus consecuencias médicas, laborales, económicas y personales.
En estos casos, la indemnización no depende únicamente del tiempo de curación o de los días de baja. Lesiones medulares, daño cerebral, amputaciones, incapacidades permanentes o secuelas que limitan la autonomía personal obligan a valorar conceptos como la ayuda de tercera persona, la adaptación de vivienda o vehículo, la pérdida de ingresos, los tratamientos futuros y la repercusión familiar o psicológica del accidente.
Según AcciLegalPlus, despacho integrado por abogados de accidentes de tráfico en Barcelona, uno de los errores más frecuentes en los expedientes graves es iniciar una negociación con la aseguradora antes de conocer el alcance real de las lesiones. Cerrar un acuerdo sin disponer del alta médica, informes de evolución, pruebas diagnósticas, documentación laboral y justificantes económicos puede llevar a una valoración incompleta del daño.
“Muchas personas lesionadas no son conscientes, en los primeros días, del alcance real que pueden tener sus lesiones. Por eso es esencial conservar desde el inicio informes médicos, pruebas diagnósticas, partes de baja, justificantes de gastos y cualquier comunicación mantenida con la aseguradora. Sin prueba suficiente, incluso una lesión grave puede quedar infravalorada”, señalan desde la dirección jurídica de AcciLegalPlus.
La prueba médica y técnica, clave en los expedientes graves
En los accidentes con lesionados graves también puede resultar determinante cómo se acredita la responsabilidad. Cuando existen versiones contradictorias, ausencia de atestado claro, varios vehículos implicados o dudas sobre la mecánica del siniestro, la reclamación puede requerir informes técnicos, reconstrucción del accidente o prueba pericial.
La preparación del expediente cobra especial importancia tras la actualización anual de las cuantías indemnizatorias del Baremo de accidentes de tráfico, el sistema legal de valoración de los daños personales derivados de accidentes de circulación.
En las lesiones temporales, la correcta clasificación de los días de perjuicio personal —básico, moderado, grave o muy grave— puede incidir directamente en la indemnización. Sin embargo, en los supuestos más graves, la valoración no se limita a los días de curación. También pueden entrar en juego las secuelas permanentes, la pérdida de calidad de vida, la ayuda de terceros, el lucro cesante, los gastos futuros y las consecuencias laborales derivadas del accidente.
Desde el despacho insisten en que la primera fase de un expediente grave no debería centrarse únicamente en reclamar, sino en ordenar la prueba. La documentación médica completa, la evolución clínica, los gastos, la pérdida económica y, cuando proceda, los informes periciales médicos o técnicos pueden resultar decisivos para evitar una indemnización inferior a la que correspondería.
No aceptar ofertas antes de conocer el alcance real del daño
Las aseguradoras pueden formular ofertas indemnizatorias antes de que la víctima tenga una visión completa de sus lesiones o secuelas. En accidentes graves, una aceptación prematura puede dejar fuera conceptos indemnizatorios relevantes, especialmente cuando las lesiones aún no se han estabilizado o todavía no se ha valorado su repercusión laboral y personal.
Por ello, los especialistas recomiendan no firmar acuerdos sin revisar previamente la documentación médica, los informes de rehabilitación, las pruebas diagnósticas, los partes de baja, los gastos asumidos y cualquier elemento que permita acreditar el perjuicio sufrido.
En casos de fallecimiento, incapacidad permanente, daño neurológico, lesiones medulares o amputaciones, el expediente puede exigir además una valoración diferenciada de los familiares perjudicados, la dependencia económica y los ingresos dejados de percibir.