Con la llegada del otoño, las terrazas dejan de utilizarse con la misma frecuencia que durante el verano.
Sin embargo, las temperaturas suaves de buena parte de la estación permiten seguir disfrutando de estos espacios si se adaptan con un buen cerramiento, combinado con soluciones de climatización y algunos cambios en el mobiliario.
Sin duda, los cerramientos de aluminio son una de las alternativas más habituales para adaptar una terraza durante los meses más frescos. Su principal ventaja es que permiten crear una separación entre el interior y el exterior sin necesidad de realizar una transformación estructural excesiva.
Las posibilidades son variadas. “Las ventanas correderas permiten abrir prácticamente toda la superficie acristalada cuando hace buen tiempo, mientras que los sistemas plegables facilitan una apertura más amplia”, explican desde Cristalmería, empresa especializada en cerramientos de aluminio y PVC en Almería.
También existen soluciones con hojas practicables para quienes buscan un mayor aislamiento cuando las temperaturas bajan.
Los vidrios adecuados pueden reducir la entrada de frío y viento, al tiempo que permiten mantener la luminosidad natural. Durante las horas centrales del día, una terraza acristalada puede aprovechar la radiación solar y ofrecer una temperatura agradable sin recurrir continuamente a sistemas de calefacción.
Calefactores, estufas y otras soluciones para el entretiempo
Aún así, dependiendo de la zona de la Península, cerrar una terraza no siempre es suficiente para conseguir una temperatura confortable. Especialmente por la tarde y durante la noche, es probable que sea necesario incorporar algún sistema de calefacción puntual.
Los calefactores eléctricos de exterior son una opción sencilla para zonas concretas.
Existen modelos de pie, de pared o de techo que permiten dirigir el calor hacia el área donde se encuentran las personas. Son especialmente prácticos cuando no se pretende calentar toda la terraza, sino únicamente crear una zona confortable alrededor de una mesa o un conjunto de asientos.
Las conocidas setas de calor son otra alternativa habitual. Funcionan como fuente de calor localizada y permiten mantener una temperatura agradable en espacios abiertos o parcialmente protegidos. Su utilidad aumenta cuando se combinan con algún elemento que reduzca la acción directa del viento.
También pueden utilizarse estufas eléctricas de infrarrojos. A diferencia de otros sistemas que intentan elevar la temperatura del aire, estas soluciones transmiten calor directamente hacia las personas y objetos situados en su radio de acción. Por este motivo pueden resultar interesantes en terrazas donde no se quiere realizar una instalación permanente.
Los toldos verticales, cortinas de cristal y paneles laterales pueden complementar el cerramiento y reducir la entrada de viento. En terrazas especialmente expuestas, estas soluciones permiten utilizar el espacio incluso cuando las temperaturas no son tan altas como durante el verano.
De esta manera, la terraza puede seguir funcionando como una estancia más de la vivienda durante buena parte del otoño, sin quedar limitada exclusivamente a los meses de verano.