El 8 de abril se celebra el Día Internacional del Pueblo Gitano. Este 2025 tiene un significado especial, ya que se cumplen 600 años desde la primera presencia documentada de la comunidad gitana en territorio español. Con motivo de esta efeméride, la Sociedad Gitana Española desea rendir homenaje a todos los reyes gitanos que, desde aquel momento histórico hasta la actualidad, han contribuido a construir una comunidad fuerte, cohesionada y respetada, especialmente en Galicia.
Fue precisamente en esta comunidad autónoma donde, gracias a estos líderes, se constituyeron consejos de ancianos en las cuatro provincias gallegas. Estos órganos tradicionales resolvían los conflictos internos, promoviendo la paz y la convivencia entre las familias gitanas, un modelo de armonía poco común en el resto de España.
El título de «rey de los gitanos» tiene un origen histórico. El primer líder gitano en llegar a la península, don Juan, ya ostentaba el título de conde del Egipto Menor, vinculado a la nobleza de aquellas tierras. Su llegada fue reconocida oficialmente cuando el 12 de enero de 1425 el rey Alfonso V de Aragón le concedió un salvoconducto para peregrinar junto a su pueblo por los reinos ibéricos hasta Santiago de Compostela. Este documento marca el inicio de la historia oficial del pueblo gitano en España.
Con el paso de los siglos, las familias gitanas se asentaron en Galicia. En una votación respaldada por sus consejos de ancianos, se eligió como primer rey gallego a Juan Mariano Giménez, nacido entre 1750 y 1800. Desde entonces, todos sus sucesores llevaron el nombre de Juan como tributo a esa figura fundacional. Los descendientes de este linaje aún forman la rama principal del pueblo gitano gallego.
Cronología de los Reyes Gitanos en Galicia:
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Juan Mariano Giménez (1750-1800)
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Juan Paulo (1800-1850)
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Paulo Giménez «Morao» (nacido en Vilaboa, 1877)
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Juan Giménez (1915)
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Olegario Giménez «Morón» (1955)
La historia del pueblo gitano en Galicia también está marcada por momentos de persecución. Durante la «Gran Redada» de 1749, muchos gitanos fueron enviados al arsenal de A Graña, en Ferrol. Aunque no todos estaban empadronados en Galicia, diversas familias —como los Paulo— se escondían en los montes para evitar ser capturados. Vestían ropa para no parecer gitanos y enviaban solo a los hombres a buscar alimentos. Se documentan incluso ingeniosas estrategias para sobrevivir, como provocar enfermedades en el ganado para luego poder recogerlo cuando era desechado por los aldeanos.
Ya en el siglo XVIII, los gitanos estaban oficialmente empadronados en Galicia, dedicándose a oficios tradicionales como afiladores, herreros, canasteros y esquiladores. También reparaban cazuelas y sartenes, vendían pelo y, especialmente, trabajaban en ferias y comercio de ganado, sobre todo en Santiago de Compostela, Padrón y Arzúa. Una referencia curiosa remonta al siglo XVII, cuando un gitano llamado Manuel Giménez fue condenado por vender un caballo tuerto.
Por otro lado, las mujeres gitanas también eran reconocidas por sus habilidades de adivinación, conocidas popularmente como “buenaventura”. La Real Audiencia de A Coruña ya registró en 1783 denuncias sobre mujeres con “faldas largas” que leían las manos y desaparecían inmediatamente después, lo que confirma su presencia itinerante y misteriosa en la sociedad rural de la época.
Una petición para el presente
A la luz de esta historia de más de seis siglos, la Sociedad Gitana Española solicita al Estado español el reconocimiento del pueblo gitano como bien patrimonial y cultural. Entre las propuestas, destaca la disolución del actual Consejo Estatal del Pueblo Gitano y sus equivalentes autonómicos para instaurar consejos de ancianos y «arregladores» que actúen como instancias de resolución interna respetadas institucionalmente.
Asimismo, se propone la suspensión cautelar de subvenciones a organizaciones que gestionan fondos para la comunidad gitana. En su lugar, se reclama que dichos recursos se destinen directamente a la construcción de viviendas dignas, combatiendo así la infravivienda, el chabolismo y la ocupación forzosa. También se solicita la intervención del Estado sobre los inmuebles adquiridos con fondos públicos por parte de asociaciones, con el fin de reinvertir su valor en proyectos de inserción laboral y vivienda.
Finalmente, se exige la derogación de normativas autonómicas que atenten contra los derechos de la población gitana. Un ejemplo señalado es el caso de la Comunidad de Madrid, donde se obliga a esperar diez años para acceder a listas de vivienda social, incluso siendo parte de un colectivo vulnerable.
Fuentes consultadas: Museu Virtual del Poble Gitano a Catalunya, Caldas de Reis, Salgado Fundamentado, Valín Libros: A Comunidade Xitana en Galicia.
Por Ángel Benedicto, secretario de la Sociedad Gitana Española.