“Crecí en una familia donde el café era realmente muy importante: todo parecía empezar y acabar en el café. Una empresa familiar como la nuestra no se limita a tener una misión sino que tiene una auténtica “misión-pasión-obsesión” por los clientes y sus valores”
Así arranca el libro que ha presentado Andrea Illy y que cuenta la historia de su familia y su compañía hacia lo que para su abuelo Francesco, fundador de la casa, era solo un sueño lejano: ofrecer al mundo el mejor café.
Químico de formación, Andrea Illy es actualmente el presidente de illycaffè, una de las empresas más reconocidas del mundo del espresso no solo por lo que ofrece, el café, sino por la relación que ha establecido y cambiado el sector cafetero.
Hasta 27 son las sucursales de la Universittá del Caffé que ha abierto en todo el mundo desde 1999 para ofrecer a los profesionales del café – partiendo desde agricultores hasta consumidores, pasando por hosteleros e incluso gourmets – cursos de los caficultores que permiten una especialización en un sector tan apasionante como es el aroma y sabor de una de las bebidas más internacionales, pero menos cuidadas.
La forma de entender a los productores, cuidar a los distribuidores y apostar por el arte contemporáneo le han servido de bandera a su negocio para llevar la marca Italia a los rincones más lejanos del planeta. De hecho, cada día sirven más de siete millones de tazas de café illy, 100% Arábica combinado de las nueve mejores calidades del mundo, en más de 140 países diferentes.
Su lema sigue siendo el mismo que se puso en marca en la década de los treinta “ofrecer el mejor café del mundo”. Desgranar el lema y entender que se trata de una ofrenda, un compromiso de ofrecer lo que mejor se tiene y sabe hacer a todo el mundo, sea cual sea su origen, estatus o destino, ha sido clave para llegar a un público que es capaz de reconocer sus tazas y su logo y relacionarlo directamente con la calidad de la firma.
Y eso también parte de su propio producto, donde su Arábica procede de la combinación de los mejores cafés de Suramérica, América Central, India y África, razón por la que cada taza de café que se sirve sabe igual en cualquier cafetería, hotel o casa en el que tiene presencia.
En concreto, sus granos molidos llegan desde Brasil, Etiopía, Guatemala, Colombia, Costa Rica, India, El Salvador, Nicaragua y Tanzania, pero siguen la tradición de Europa de tomar café a todas horas, con cualquier excusa, como forma de encontrarse con los seres queridos, tomar decisiones de carácter o incluso decidir el camino a tomar.
Otra de las apuestas diferenciadoras de esta marca es mezclar la cultura del café con la verdadera cultura social a través del arte contemporáneo. Son ya más de 100 los artistas que en el último cuarto de siglo han prestado servicio y diseño a sus características tazas, seña de identidad diferenciadora asociada a illy.
El lienzo blanco de la taza se convirtió en un objeto de arte como la illy Art Collection. Artistas de renombre han trabajado en este formato: desde Michelangelo, Pistoletto a Marina Abramović, desde Anish Kapoor a James Rosenquist, desde William Kentridge a Yoko Ono, Gillo Dorfles, Robert Wilson y Maurizio Galimberti.
Toda esta apuesta diferenciadora trae consigo cifras de negocio redondas y sorprendentes, con una facturación consolidada de 467 millones de euros que permiten la contratación de casi 1300 empleados.
La innovación de Illy, desde 1934
Si algo ha servido para ir posicionándose donde hoy, casi un siglo después, se encuentra, es su afán en la investigación e innovación.
En un sector donde todo parecía ya inventado, Francesco Illy, fundador de la marca, presentó una patente para reemplazar el aire de los envases de café por gas inerte y así conservar el aroma y frescura más tiempo. La patente data del año 1932 pese a que fuera en 1934 cuando se puso en práctica. Gracias a eso, la compañía pudo dar el pistoletazo de salida a la exportación de sus productos.
Un año después, en 1935, lanzó Illeta, la que fuera la primera máquina de café espresso tal como las conocemos hoy en día. Algo que revolucionó la forma de presentar el café, pero también de tratarlo.
También lleva la firma de la marca la primera cápsula de café individual de papel. De hecho, en 1970 se avanzó lo que ya en la década de los 90 sería una adaptación voluntaria para las empresas y fabricantes de espresso.
En definitiva, Illy certifica, con su publicación El sueño del Café, que el sueño se cumple y se convierte en realidad cuando se apuesta por la excelencia, por la innovación, por arriesgar y por buscar mejorar un sector desde el mismo punto de partida: la tierra de cultivo.