La prevención de riesgos laborales requiere planificación, formación y seguimiento de las condiciones en las que se desarrolla cada actividad. Dentro de este sistema, el recurso preventivo cumple una función concreta: permanecer presente durante determinados trabajos o situaciones en los que existen riesgos que requieren una vigilancia específica. Su actuación permite comprobar que las medidas previstas se aplican y que las condiciones de seguridad se mantienen durante la ejecución.
La formación de recurso preventivo es un aspecto relevante para que la persona designada pueda desarrollar sus funciones con los conocimientos necesarios. No se trata únicamente de conocer las normas generales, sino de comprender los riesgos asociados a las tareas que deberá supervisar, identificar posibles incumplimientos y saber cómo actuar cuando las condiciones de trabajo no se ajustan a lo establecido.
La figura está contemplada en la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales y desarrollada por su normativa complementaria. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) señala que el recurso preventivo puede ser necesario cuando los riesgos puedan agravarse o modificarse durante el desarrollo de una actividad y cuando sea preciso controlar la aplicación correcta de los métodos de trabajo.
Su presencia cobra especial importancia en actividades que implican trabajos de especial peligrosidad. Puede intervenir, por ejemplo, en determinadas tareas de construcción, trabajos en altura, operaciones con riesgo eléctrico, espacios confinados, utilización de maquinaria o actividades en las que concurren diferentes empresas y trabajadores. La necesidad concreta debe determinarse a partir de la evaluación de riesgos y de las condiciones previstas para cada trabajo.
Entre sus funciones se encuentra vigilar el cumplimiento de las actividades preventivas previstas y comprobar que éstas resultan adecuadas durante el desarrollo de los trabajos. Si detecta una situación que no cumple las condiciones establecidas, debe comunicarlo y adoptar las actuaciones previstas en el procedimiento de la empresa. Su tarea, por tanto, está vinculada al control de la actividad preventiva y no a sustituir al servicio de prevención.
El recurso preventivo también puede contribuir a mejorar la comunicación entre quienes ejecutan una tarea y quienes tienen responsabilidades dentro de la organización preventiva. En este sentido, desde la empresa CFP IN, Cultura Preventiva y Salud Laboral, señalan que “su presencia en el lugar de trabajo permite detectar situaciones que pueden no quedar reflejadas de la misma manera durante una evaluación realizada previamente”.
La importancia de esta función puede entenderse mejor al observar los datos de siniestralidad laboral. Según los últimos datos disponibles del INSST, correspondientes al período de julio de 2025 a junio de 2026, se registraron 531.676 accidentes de trabajo con baja durante la jornada laboral en España. De ellos, 577 fueron mortales. El sector de la construcción contabilizó 79.558 accidentes con baja y 154 accidentes mortales durante ese período.
Estos números no significan que la presencia de un recurso preventivo pueda evitar por sí misma todos los accidentes. La prevención depende de un conjunto de medidas que incluye la evaluación de riesgos, la planificación, la formación de los trabajadores, los equipos de protección y el cumplimiento de los procedimientos establecidos. El recurso preventivo forma parte de ese sistema y actúa como elemento de vigilancia en aquellas situaciones en las que su presencia está justificada.
La formación debe estar relacionada con las funciones que tendrá que desempeñar. También es necesario que conozca los riesgos específicos del puesto o de la actividad, los procedimientos de trabajo y las medidas preventivas previstas. De esta manera, puede desarrollar una vigilancia basada en criterios concretos y no limitarse a una presencia formal en el lugar de trabajo.
La prevención laboral se construye a partir de decisiones cotidianas y de personas preparadas para aplicarlas. Cuando quienes participan en una actividad conocen los riesgos y cuentan con mecanismos para controlarlos, resulta más sencillo desarrollar el trabajo con criterios de seguridad y avanzar hacia entornos laborales donde forme parte habitual de la organización.