Las continuas alteraciones que está experimentando el transporte marítimo internacional están obligando a las empresas a replantearse sus estrategias logísticas.
Los conflictos geopolíticos, los cambios de rutas, las restricciones en determinados pasos marítimos y los episodios de congestión han demostrado que incluso las cadenas de suministro diseñadas para funcionar con gran previsibilidad pueden quedar expuestas a interrupciones difíciles de anticipar.
Como respuesta, el transporte aéreo está adquiriendo un papel diferente al que tradicionalmente ocupaba dentro de la logística internacional.
“No se trata de sustituir al transporte marítimo, que continúa concentrando la mayor parte del comercio mundial por volumen, sino de disponer de una alternativa capaz de responder cuando los plazos, la continuidad del suministro o el valor de las mercancías hacen insuficiente la vía marítima”, explican desde IAS Handling.
Cuando una ruta marítima se alarga por el desvío de buques, aumenta la congestión portuaria o aparecen problemas de disponibilidad de espacio, el transporte aéreo puede convertirse en una solución para determinados productos.
Sectores como la electrónica, la industria farmacéutica, los componentes industriales, la automoción o determinados productos de alto valor pueden asumir mejor el coste adicional del centro de carga aérea cuando el retraso de una entrega puede generar pérdidas superiores al precio del transporte.
En lugar de elegir exclusivamente entre barco o avión, las compañías pueden combinar ambos sistemas en función de las características de cada mercancía, utilizando el transporte marítimo para los grandes volúmenes y recurriendo al aéreo cuando sea necesario recuperar plazos o garantizar el suministro de determinados componentes.
Este aumento potencial de la demanda plantea, sin embargo, nuevos desafíos. Los aeropuertos especializados en mercancías necesitan disponer de capacidad suficiente para gestionar mayores volúmenes sin que las operaciones pierdan eficiencia. Almacenamiento, plataformas de carga, conexiones terrestres, sistemas de trazabilidad y procesos aduaneros forman parte de una misma cadena que debe funcionar de manera coordinada.
La presión no se limita además a las instalaciones aeroportuarias. Un incremento de la carga aérea puede trasladar parte de los problemas de capacidad hacia las carreteras, los almacenes y los operadores logísticos que conectan el aeropuerto con los centros de producción y distribución.
La digitalización será, por tanto, otro de los elementos determinantes junto con el coste añadido.
El transporte aéreo tiene un coste considerablemente superior al marítimo cuando se compara el traslado de grandes volúmenes. Por ello, su crecimiento no significa necesariamente una sustitución estructural del barco, sino una mayor utilización como mecanismo de contingencia y para mercancías concretas.
Hacia cadenas de suministro más flexibles
Las crisis del transporte marítimo han puesto de manifiesto que la eficiencia basada exclusivamente en costes puede resultar insuficiente cuando aparecen interrupciones prolongadas. Para muchas compañías, disponer de alternativas será ahora una cuestión de resiliencia.
La tendencia apunta hacia cadenas de suministro menos dependientes de una única ruta y capaces de combinar diferentes medios de transporte según las circunstancias.
La capacidad para coordinar ambos sistemas será, previsiblemente, uno de los factores que determine la resistencia de las cadenas logísticas frente a las próximas crisis.