El verano trae consigo un cambio de ritmo que también se refleja en nuestro cuerpo. Las vacaciones, el aumento de la actividad física, los viajes, los deportes al aire libre o las largas jornadas de playa y piscina modifican nuestras rutinas habituales y, con ellas, aparecen nuevas molestias musculares y articulares. En esta época del año, la fisioterapia se convierte en una gran aliada tanto para prevenir lesiones como para tratar aquellas que surgen a consecuencia de estas actividades estacionales.
Muchas personas aprovechan los meses de verano para practicar deporte con mayor frecuencia. Correr por el paseo marítimo, jugar al pádel, hacer rutas de senderismo, montar en bicicleta o practicar deportes acuáticos son opciones muy habituales. Sin embargo, cuando estas actividades se realizan de forma intensa o sin una preparación física adecuada, aumenta el riesgo de sufrir sobrecargas, contracturas, tendinopatías o esguinces.
“Uno de los tratamientos más habituales durante el verano es la terapia manual para aliviar contracturas y tensiones musculares”, indican en Clínica Fisioterapia Moncloa.
El incremento del ejercicio físico, unido a los cambios de temperatura y a una recuperación insuficiente, favorece la aparición de molestias en la espalda, el cuello, los hombros o las piernas. Mediante diferentes técnicas manuales, el fisioterapeuta ayuda a disminuir el dolor, recuperar la movilidad y acelerar la recuperación de los tejidos.
Las lesiones deportivas también ocupan buena parte de las consultas estivales. Sobrecargas musculares, tendinitis, fascitis plantar o problemas en rodillas y tobillos son frecuentes en personas que aumentan su actividad física de forma puntual durante las vacaciones. En estos casos, el tratamiento suele combinar terapia manual, ejercicios terapéuticos, estiramientos y pautas individualizadas para facilitar una recuperación segura y evitar recaídas.
Otro motivo habitual de consulta son las molestias derivadas de los largos desplazamientos. Pasar varias horas conduciendo o viajando en avión, tren o autobús puede provocar rigidez cervical, dolor lumbar o sensación de piernas cansadas debido a la permanencia prolongada en una misma postura. Una valoración fisioterapéutica permite aliviar estas tensiones y ofrecer recomendaciones para prevenir que vuelvan a aparecer durante futuros desplazamientos.
El verano también favorece la aparición de dolores relacionados con cambios en los hábitos cotidianos. Dormir en colchones diferentes durante las vacaciones, cargar sombrillas, neveras o equipaje, caminar descalzo durante largos periodos o permanecer muchas horas tumbado en la playa son situaciones que pueden desencadenar molestias musculoesqueléticas. Aunque suelen parecer problemas leves, una intervención temprana evita que evolucionen hacia lesiones más persistentes.
Entre los tratamientos más demandados también destacan los programas de ejercicio terapéutico. Cada vez más fisioterapeutas diseñan rutinas personalizadas para fortalecer la musculatura, mejorar la movilidad y preparar el cuerpo antes de iniciar una actividad deportiva. Este enfoque preventivo resulta especialmente recomendable para quienes desean comenzar a correr, practicar deportes de raqueta o afrontar rutas de montaña durante sus vacaciones.
La fisioterapia también desempeña un papel importante en la recuperación de personas con patologías crónicas. El calor puede modificar la percepción del dolor o aumentar la sensación de pesadez en las piernas en pacientes con determinados problemas circulatorios o musculoesqueléticos. Mantener el tratamiento durante el verano ayuda a conservar la movilidad, controlar los síntomas y evitar que una pausa prolongada repercuta en la evolución de la lesión.