La movilidad eléctrica ha dejado de ser una tendencia para convertirse en una realidad que avanza a gran velocidad en España.
La creciente presencia de vehículos eléctricos en las carreteras ha impulsado el desarrollo de una amplia red de puntos de recarga en calles, aparcamientos públicos, centros comerciales, estaciones de servicio, hoteles y edificios de oficinas.
Sin embargo, el verdadero motor de esta transformación también se encuentra en las viviendas particulares, donde cada vez más propietarios optan por instalar un cargador para disfrutar de una recarga cómoda, segura y eficiente.
La infraestructura pública vs privada
La expansión de la infraestructura pública responde a la necesidad de facilitar los desplazamientos diarios y los viajes de larga distancia.
Ayuntamientos, empresas privadas y operadores energéticos están desarrollando proyectos para conseguir instaladores de cargador para coche eléctrico y aumentar el número de puntos de recarga disponibles, integrándose en espacios urbanos y comerciales donde los usuarios ya realizan otras actividades. Mientras se hace la compra, se trabaja o se disfruta del ocio, el vehículo puede recuperar autonomía, favoreciendo una movilidad más sostenible.
No obstante, la mayoría de las recargas de un vehículo eléctrico se realizan en el domicilio.
Disponer de un punto de carga propio permite aprovechar las horas nocturnas, acceder a tarifas eléctricas más económicas y garantizar que el vehículo esté preparado cada mañana. Además, supone una mayor comodidad al eliminar la dependencia de la disponibilidad de cargadores públicos.
Las instalaciones según el tipo de vivienda
La instalación varía según el tipo de vivienda. Tal como explican desde Moveclean, en una vivienda unifamiliar el proceso suele ser más sencillo. El punto de recarga se conecta directamente al cuadro eléctrico de la vivienda mediante una línea específica, protegida con los dispositivos de seguridad correspondientes y dimensionada según la potencia necesaria.
Un instalador autorizado evaluará la capacidad de la instalación eléctrica existente y determinará si es necesario aumentar la potencia contratada o realizar alguna adaptación previa.
En los garajes comunitarios el procedimiento presenta algunas particularidades, aunque la normativa española facilita considerablemente este tipo de instalaciones. Si la plaza de aparcamiento es de uso privado, el propietario no necesita solicitar la aprobación de la comunidad de vecinos para instalar un punto de recarga destinado a su vehículo. Basta con comunicar por escrito a la comunidad el inicio de los trabajos antes de su ejecución. El coste de la instalación y del consumo eléctrico corre a cargo del propietario, salvo que la comunidad decida desarrollar una infraestructura colectiva para varios usuarios.
En estos casos, el cableado suele discurrir desde el contador eléctrico individual hasta la plaza de garaje, respetando las zonas comunes y cumpliendo las exigencias del Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión. Dependiendo de la distancia y de las características del edificio, puede ser necesario instalar canalizaciones específicas o prever futuras ampliaciones para facilitar que otros vecinos incorporen también sus propios puntos de recarga.
Antes de comenzar cualquier instalación es recomendable realizar un estudio técnico que analice la potencia disponible, el recorrido del cableado, la ubicación más adecuada del cargador y el tipo de equipo que mejor se adapta al vehículo y a los hábitos de uso del propietario. Actualmente existen cargadores inteligentes capaces de programar las recargas, controlar el consumo desde una aplicación móvil e incluso ajustar automáticamente la potencia para evitar sobrecargas en la instalación doméstica.