La domótica ha dejado de ser una tecnología asociada al confort para posicionarse como una herramienta clave en la inclusión social y la autonomía personal, especialmente en el contexto europeo, donde el envejecimiento poblacional y la accesibilidad se han convertido en prioridades estratégicas.
El avance ha sido notable: desde 2025, más del 20% de los hogares en España incorporan tecnología domótica, una cifra que sigue creciendo en 2026. Este desarrollo refleja una adopción sostenida de soluciones automatizadas en el ámbito residencial, en línea con una creciente percepción positiva: el 76,7% de los españoles considera que su calidad de vida mejoraría si viviera en una vivienda inteligente, según datos del Observatorio de Vivienda y Sostenibilidad de UCI.
Más allá de la eficiencia o la comodidad, la domótica está generando un impacto directo en la inclusión. Sistemas de control por voz, sensores de movimiento, automatización de iluminación o gestión remota permiten a personas con discapacidad o movilidad reducida interactuar con su entorno de forma autónoma, reduciendo la dependencia de terceros.
Desde la experiencia en el desarrollo e implementación de soluciones de automatización residencial orientadas a la accesibilidad, empresas especializadas como 2SmartHome han identificado una creciente demanda de tecnologías que no solo optimizan el hogar, sino que también lo adaptan a las capacidades reales de sus usuarios.
“La domótica no es sólo tecnología, es una herramienta de igualdad. Permite que personas con diferentes condiciones puedan vivir de forma independiente y segura dentro de su propio hogar”, afirma Arnau Fernández, CEO de 2SmartHome.
Además, el contexto normativo europeo refuerza esta tendencia. En 2025 entró en vigor en España la normativa que exige la accesibilidad de productos y servicios digitales, alineada con la directiva europea, lo que impulsa el desarrollo de soluciones tecnológicas inclusivas en todos los ámbitos, incluido el hogar.
El impacto también se extiende al ámbito del cuidado. Nuevas plataformas inteligentes permiten monitorizar hábitos, detectar anomalías y generar alertas preventivas para personas mayores que viven solas, favoreciendo modelos de atención más proactivos y menos invasivos.
“En términos económicos y sociales, la domótica también contribuye a reducir desigualdades: un hogar inteligente puede disminuir el consumo energético hasta en un 30%, lo que supone un ahorro relevante para las familias. Estamos ante una oportunidad para democratizar la tecnología y convertirla en un pilar de la vivienda accesible. El reto no es solo innovar, sino garantizar que estas soluciones lleguen a todos”, puntualiza Ferández.
Con un parque residencial envejecido y la necesidad de rehabilitar millones de viviendas en Europa en los próximos años, la integración de tecnologías inteligentes se perfila como una de las palancas más relevantes para construir hogares más inclusivos, sostenibles y adaptados a las necesidades reales de la población.