Por fin llegaron las rebajas de verano y, un año más, millones de personas se lanzan a los establecimientos para hacerse con las últimas tendencias y llenar unos armarios que, en la gran mayoría de casos, ya se encuentran al límite de su capacidad.
Sin embargo, y pese a que el consumo de “moda rápida” sigue muy extendido entre la sociedad, no es menos cierto que cada vez son más las personas que buscan prendas más respetuosas con el medio ambiente, fabricadas con materiales sostenibles y/o reciclados y que prestan un especial cuidado al proceso de producción. Un proceso de producción al que una empresa de instrumentación de medición tiene mucho que aportar, pero no solo en el sector textil, sino también en otros como el alimentario o el químico.
Y es que, la medición de presión en la industria se ha convertido en la aliada perfecta para garantizar una producción más sostenible, pues permite tener controlado en cada momento la presión, el caudal y el nivel de todos los gases, líquidos y geles que intervienen en el proceso de producción, lo que en el caso de la industria textil se traduce en un significativo ahorro de agua y de productos químicos, a la par que se evitan vertidos, algo que, sin duda, el planeta agradecerá.
En cualquier caso y, pese a los esfuerzos de fabricantes y consumidores por lograr que el sector textil sea un sector más sostenible, solo el 1% de las prendas que se vendieron durante el año 2020 estaban elaboradas con materiales sostenibles, mientras que durante ese mismo año la industria textil consumió aproximadamente 79.000 millones de m3 de agua y generó 1.700 millones de toneladas de CO2, así como 92 millones de toneladas de residuos.
De todo lo anterior se deduce que la industria textil se enfrenta a un enorme reto para lograr una mayor sostenibilidad. Un reto en el que la sociedad y la tecnología serán protagonistas indiscutibles.
Y es que, para lograr que el sector textil sea más sostenible es necesario un cambio de mentalidad por parte de la sociedad, dejar de lado el concepto de moda rápida y apostar por invertir en prendas sostenibles de calidad y atemporales. Pero no solo eso, sino que, además, se debe reciclar y, por supuesto, reutilizar antes de desechar.
Por su parte, la tecnología ha demostrado tener múltiples beneficios para mejorar el medio ambiente y el sector textil no ha permanecido ajeno a ello. Las nuevas tecnologías permiten desarrollar técnicas de corte que minimizan los residuos, así como reducir la huella hídrica sin que esto influya en la calidad o estética de la prenda. Para reducir los residuos textiles, por un lado, se han implementado procesos para reutilizar los recortes en otras prendas y por otro se continúa investigando sobre las tecnologías de reciclaje, concretamente, en tecnologías basadas en métodos químicos, dado que los métodos tradicionales no parecen ser capaces de proporcionar unos resultados del todo satisfactorios.
El reto es enorme, pero los beneficios para el planeta y, por ende, para la sociedad serán aún mayores, haciendo que el esfuerzo merezca la pena.