La domótica ha dejado de estar asociada únicamente a viviendas de alto coste o proyectos tecnológicos específicos. El desarrollo de dispositivos conectados y sistemas de automatización ha facilitado su incorporación en hogares, oficinas, comercios y otros espacios. Iluminación, climatización, persianas, accesos, alarmas o consumo energético pueden gestionarse desde un mismo sistema, con opciones que se adaptan a las necesidades de cada inmueble.
En este contexto, la instalación domótica en Madrid forma parte de una demanda vinculada tanto a nuevas viviendas como a inmuebles que buscan incorporar tecnología sin realizar grandes modificaciones. La posibilidad de controlar diferentes elementos desde un teléfono móvil, programar determinadas funciones o recibir avisos cuando se produce una incidencia son algunos de los usos que explican el interés por estos sistemas.
La evolución de la conectividad también ayuda a entender este cambio. Según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación en los Hogares del Instituto Nacional de Estadística, en 2025 el 97,4% de los hogares españoles con al menos una persona de entre 16 y 74 años disponía de acceso a Internet por banda ancha fija o móvil. Además, el 83,8% contaba con algún tipo de ordenador.
Una vivienda conectada puede integrar distintos dispositivos para facilitar tareas habituales. Las luces pueden programarse según horarios, los sistemas de climatización pueden regularse de acuerdo con la temperatura y las persianas pueden automatizarse para aprovechar determinadas horas de luz. También es posible controlar enchufes, electrodomésticos o determinados equipos desde aplicaciones móviles.
El ahorro energético es uno de los aspectos que más interés genera. Los sistemas de automatización permiten conocer determinados consumos y establecer horarios de funcionamiento. Por ejemplo, una vivienda puede ajustar la climatización cuando no hay personas en casa o apagar determinados equipos que permanecen conectados sin necesidad. La utilidad dependerá de la configuración y de los hábitos de quienes utilizan el espacio.
La seguridad constituye otro de los ámbitos donde la domótica tiene una aplicación directa. Cámaras, sensores de movimiento, detectores de apertura, videoporteros y cerraduras conectadas pueden formar parte de un sistema integrado. “Estos dispositivos permiten recibir notificaciones y consultar determinados elementos a distancia, aunque su instalación debe tener en cuenta las condiciones de seguridad y privacidad correspondientes”, señalan desde la empresa Hedo y Montero.
En las empresas, las posibilidades se amplían. Oficinas, locales comerciales, hoteles y otros establecimientos pueden utilizar sistemas automatizados para gestionar iluminación, climatización, accesos o determinados equipos. La centralización facilita controlar instalaciones y adaptar su funcionamiento a los horarios de actividad. En espacios de mayor tamaño, además, puede contribuir a detectar consumos o incidencias que requieren atención.
También puede aportar soluciones relacionadas con la accesibilidad. La automatización de persianas, puertas, iluminación o climatización puede facilitar algunas tareas a personas con movilidad reducida. En estos casos, el diseño del sistema debe partir de las necesidades concretas de quienes utilizan el inmueble y no únicamente de la incorporación de dispositivos.
La tecnología seguirá incorporándose a los espacios donde las personas viven y trabajan, pero su utilidad dependerá de que responda a necesidades concretas. Una domótica bien planteada no tiene por qué complicar las tareas diarias: puede ayudar a gestionarlas de forma más sencilla, mejorar el control sobre determinados recursos y ofrecer nuevas opciones para adaptar los espacios a quienes los utilizan.