Un paisaje no desaparece del todo cuando deja de existir. Puede permanecer en una huella, en una superficie erosionada, en una capa que cubre a otra o en aquello que sobrevive después de que una parte de la materia haya sido transformada.
En ese espacio entre presencia y ausencia se sitúa buena parte de la investigación de la artista madrileña Berta Giner.
Su pintura parte del paisaje, pero no para representarlo. Lo utiliza como punto de partida para preguntarse qué sucede con la materia cuando el tiempo interviene sobre ella y qué memoria conserva aquello que permanece. La naturaleza aparece así como un organismo vivo, en constante transformación, donde acumulación, erosión y disolución coexisten.
“Me interesa el paisaje no como una imagen, sino como organismo vivo, en constante transformación. Creación y disolución forman parte de un mismo proceso infinito”, explica Giner.
La artista investiga cómo la materia conserva las huellas de aquello que le sucede, y cómo cada superficie contiene, como capas de memoria, el rastro de sus procesos anteriores. La superficie deja de ser únicamente un soporte para convertirse en el lugar donde esos procesos quedan inscritos.
“La materia acumula, pierde, conserva y transforma. En ese movimiento es donde encuentro la posibilidad de construir la pintura.”
Giner interviene sobre la superficie, pero también permite que determinados procesos la transformen, la alteren o hagan desaparecer parte de lo construido, generando registros de una transformación.
Acumulación y disolución: la investigación de Giner
Dos de sus principales series, LANDSCAPE y NUDE, permiten aproximarse a los dos movimientos que articulan esta investigación: la acumulación y la disolución.
En LANDSCAPE, la artista construye a partir de la suma. Las capas se depositan unas sobre otras y generan una superficie en la que el paisaje presente convive con los paisajes anteriores. Lo que vemos no es solamente el resultado final, sino también aquello que ha quedado oculto debajo.
La operación cambia en NUDE. Allí el proceso de desaparición adquiere protagonismo. La materia pierde parte de su presencia y deja al descubierto la huella de aquello que existió antes. El paisaje aparece entonces no tanto como imagen, sino como huella física: una presencia que se reconoce precisamente a través de su ausencia.
Es precisamente entre ambos movimientos —acumulación y disolución— donde se encuentra una de las cuestiones centrales de su trabajo:
¿Qué historia queda inscrita en la materia después de todo lo que ha vivido?
Esta investigación mantiene una presencia creciente en el ámbito nacional e internacional. Durante septiembre, su obra podrá verse nuevamente en Estampa, en IFEMA Madrid, además de participar en distintas citas internacionales en Mónaco y Portugal.