La atención sanitaria está incorporando nuevas herramientas para acompañar a pacientes que necesitan controles frecuentes sin que cada seguimiento implique acudir a un centro médico. La telemedicina, el monitoreo remoto y los dispositivos conectados permiten recopilar información sobre el estado de salud desde el domicilio y ponerla a disposición de los profesionales. Este modelo resulta especialmente relevante para personas con enfermedades crónicas y antecedentes de descompensaciones, en las que detectar un cambio a tiempo puede modificar la evolución de un episodio.
En ese escenario, la telemonitorización médica a domicilio permite realizar un seguimiento periódico de variables clínicas sin trasladar al paciente de manera permanente a un hospital o consultorio. El sistema puede incluir mediciones de presión arterial, frecuencia cardíaca, peso, saturación de oxígeno, glucemia u otros parámetros, según la patología y las indicaciones del equipo sanitario. Los datos se transmiten para su evaluación y, cuando se identifica una alteración, los profesionales pueden contactar con el paciente y valorar qué intervención corresponde.
La herramienta tiene especial interés en personas con insuficiencia cardíaca avanzada, EPOC, insuficiencia renal crónica y pacientes pluripatológicos que presentan descompensaciones frecuentes. En estos casos, la evolución puede cambiar en poco tiempo y algunos signos aparecen antes de que la persona considere necesario consultar. Una variación sostenida del peso, una modificación de la presión arterial, un aumento de la frecuencia respiratoria o determinados cambios en los síntomas pueden aportar información útil para valorar la situación.
El objetivo no consiste únicamente en responder cuando aparece una urgencia. La telemonitorización busca identificar señales que permitan intervenir antes de que el deterioro requiera una atención hospitalaria. Para ello, los datos deben ser revisados dentro de un protocolo clínico que establezca qué valores requieren seguimiento, cuándo debe contactarse con el paciente y qué profesionales participan en cada etapa.
La evidencia disponible muestra resultados relevantes. Una revisión y metaanálisis presentada por la Sociedad Europea de Cardiología, que analizó 41 estudios con 16.512 pacientes con insuficiencia cardíaca, encontró que los programas de monitorización remota se asociaron con una reducción de las re hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca y de la mortalidad. En concreto, el riesgo relativo de rehospitalización por insuficiencia cardíaca fue menor en los pacientes incluidos en programas de monitorización remota.
Otro análisis publicado en 2024 siguió a 1.095 pacientes con insuficiencia cardíaca crónica incluidos en un programa de seguimiento remoto. De los episodios de empeoramiento registrados, el 87,5% fue detectado mediante el sistema de monitorización. Entre los episodios detectados de forma remota, el porcentaje que terminó en hospitalización fue del 15%, frente al 26% considerando el conjunto de episodios analizados.
La utilidad de estos sistemas también está relacionada con la continuidad asistencial. Un paciente puede permanecer en su domicilio mientras el equipo sanitario dispone de información actualizada y puede detectar cambios que merezcan una valoración. “Esto resulta especialmente importante para personas mayores o con movilidad reducida, así como para quienes viven con varias enfermedades y necesitan controles coordinados», afirman desde la empresa especializada Home Sweet Home Salud.
El avance de estas herramientas plantea una forma diferente de entender el seguimiento de las enfermedades crónicas. No se trata de reemplazar la consulta presencial ni el criterio médico, sino de disponer de más información entre una consulta y otra. Cuando la tecnología se integra con profesionales y protocolos adecuados, puede ayudar a detectar cambios antes, facilitar decisiones oportunas y favorecer que más pacientes continúen su tratamiento en casa con un seguimiento acorde a sus necesidades.