Emprender como autónomo implica un riesgo que a menudo se paga con el patrimonio personal. Cuando el negocio no funciona, las deudas no se quedan en la empresa: persiguen a la persona. Según el Ilustre Colegio de la Abogacía de Barcelona (ICAB), solo hasta septiembre de 2024 más de 1.600 autónomos acudieron a la Ley de Segunda Oportunidad, en un contexto de insolvencias al alza que el INE confirma trimestre a trimestre.
El dolor. El autónomo endeudado arrastra un cóctel especialmente asfixiante: préstamos y líneas de crédito del negocio, deudas con proveedores, avales personales firmados para financiar la actividad, tarjetas, y las temidas cuotas de autónomo y deudas con Hacienda y la Seguridad Social. Cerrar el negocio no cierra el problema: las deudas siguen ahí durante años.
La solución. La Ley de Segunda Oportunidad permite cancelar las deudas del autónomo: las privadas (bancos, proveedores, avales, tarjetas) sin límite, y la deuda pública hasta 10.000 € por organismo. En la práctica, separa el fracaso empresarial del futuro personal.
El cambio de vida. “Al autónomo le decimos algo que necesita oír: un negocio que no salió bien no debería condenarte para siempre”, explica el equipo de profesionales senior de LibreDeuda Abogados. “Cancelamos las deudas, y la persona conserva lo más importante: su capacidad de volver a trabajar e incluso de volver a emprender, ahora sin el lastre.” La Segunda Oportunidad no inhabilita para ejercer una actividad. El despacho ofrece un estudio de viabilidad gratuito en el que analiza el reparto entre deuda privada y pública y estima qué parte podría cancelarse en cada caso.