Hoy en día, vivimos rodeados de tecnología y la Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en una fuente de información casi omnipresente. Sin embargo, este avance también ha traído consigo un nuevo problema: las llamadas “alucinaciones” de la IA. Este fenómeno se produce cuando una IA genera datos incorrectos, inventados o sin base real, y está afectando cada vez más la confianza que depositamos en sus respuestas. El reto es enorme, tanto para empresas y personas como para el propio sistema judicial, ya que la fiabilidad de la información se pone en entredicho.
Estas “alucinaciones” no son solo un fallo técnico. Cada vez resulta más habitual ver ejemplos de IA generando información errónea o engañosa que rápidamente se hace viral en redes sociales y canales de influencers, como ocurrió con el caso de “Edrian.exe”. Esta facilidad para difundir errores, aunque muchas veces no sean intencionados, siembra dudas sobre si realmente podemos fiarnos de la IA como fuente de información y nos recuerda la importancia de comprobar cualquier dato que recibimos por vías digitales.
A todo esto se suma el contexto actual, marcado por la desinformación y la proliferación debulos. Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería han acelerado la difusión de noticias falsas y rumores, mezclando verdad y mentira en el día a día de millones de personas. Según estudios recientes, cerca del 90% de los españoles reconoce haber recibido información falsa y un preocupante 40% admite no saber distinguir un bulo de una noticia real. Además, la mayoría teme que la inteligencia artificial empeore aún más el impacto de las fake news. Esta avalancha de desinformación no solo afecta a la opinión pública y la convivencia, sino que puede poner en riesgo la salud, la reputación de personas inocentes, la confianza en las instituciones y, en última instancia, la propia democracia.
En este contexto, la IA nos promete rapidez y eficiencia, pero su tendencia a “alucinar” nos recuerda que necesitamos fuentes fiables y verificadas. Es aquí donde los detectives privados cobran un papel fundamental. Frente a los algoritmos y la automatización, los detectives aportan investigaciones exhaustivas, verificación directa sobre el terreno y la tranquilidad de saber que la información se ha obtenido de manera legítima y comprobable.
Como señala José María Fernández, director de la agencia Abril Detectives, “la democratización de la información gracias a la IA es un arma de doble filo. Por un lado, facilita el acceso a los datos, pero también aumenta el riesgo de desinformación. En este escenario, el detective privado se convierte en un pilar de la verdad, aportando no solo hechos, sino también la credibilidad y la cadena de custodia que hacen que esa información sea útil y, sobre todo, válida ante la ley”.
La fiabilidad de la información que obtenemos de internet —y por extensión, de la IA— ya ha sido puesta a prueba en los tribunales. Es habitual que en la justicia española y europea
se rechacen pruebas digitales, como capturas de pantalla o publicaciones en redes sociales, si no se puede demostrar claramente su origen o si no existe un informe pericial que garantice que no han sido manipuladas. Sin una cadena de custodia adecuada o el testimonio de quien obtuvo la prueba, estos datos pueden considerarse manipulables y perder valor legal. El simple hecho de que una información esté en internet o la haya generado una IA no asegura su validez ante la ley, por lo que los jueces suelen pedir la intervención de un profesional imparcial que certifique la autenticidad y la integridad de las pruebas.
En este debate sobre la fiabilidad de la IA, Sam Altman, CEO de OpenAI, ha hablado abiertamente sobre el fenómeno de las alucinaciones. Según él, estas alucinaciones forman parte de la “magia” y la creatividad de los modelos generativos de IA. Como él mismo ha dicho, “si buscas un dato en una base de datos, ya existen buenas herramientas para eso. Pero el hecho de que estos sistemas puedan generar ideas nuevas y ser creativos es una parte fundamental de su potencial. Lo ideal es que sean creativos cuando lo necesitamos y precisos cuando hace falta. En eso estamos trabajando”. Aun así, Altman reconoce que el problema de las alucinaciones es serio y que llevará tiempo resolverlo, quizá uno o dos años.
Esto pone de relieve que, aunque la creatividad de la IA es valiosa, la exactitud y la veracidad siguen siendo un reto que exige investigación constante. La postura de Altman evidencia lo difícil que es equilibrar innovación y fiabilidad, y subraya la importancia de la intervención humana para verificar la información, sobre todo cuando está en juego su validez legal o su impacto en la vida real. Además, OpenAI ha publicado informes internos que demuestran que sus modelos más avanzados pueden “alucinar” incluso más que versiones anteriores en ciertas pruebas, lo que invita a la prudencia.
En este escenario, la legislación española refuerza el papel del detective privado como profesional autorizado para obtener información y pruebas válidas en el ámbito judicial. La Ley 5/2014, de 4 de abril, de Seguridad Privada, regula esta actividad y establece que los detectives privados son los únicos profesionales legalmente habilitados para realizar investigaciones privadas. Además, el artículo 48 de la misma ley reconoce la validez de los informes de los detectives como pruebas en los procesos judiciales, gracias a los requisitos de formación, licencia y seguro que exige la ley, y al respeto de los derechos fundamentales en su trabajo.
Por otro lado, el artículo 265.1.5o de la Ley de Enjuiciamiento Civil permite que las partes presenten informes de detectives privados como prueba documental, equiparándolos a otros medios de prueba. Esto reconoce la profesionalidad y el rigor metodológico de los detectives, lo que otorga a sus informes un valor probatorio superior al de una simple búsqueda en internet o una afirmación generada por IA.
No podemos olvidar que, además de los detectives, los periodistas y medios de comunicación de confianza siguen siendo fundamentales como garantes de la información veraz. Su experiencia, su método de verificación de fuentes y su compromiso ético con la objetividad los convierten en piezas clave en la lucha contra la desinformación en la era de la IA. El periodismo de calidad es imprescindible para la salud democrática y para que los ciudadanos puedan tomar decisiones informadas.
En definitiva, en un momento en el que la frontera entre la verdad y la “alucinación” digital es cada vez más difusa, y en el que incluso los propios desarrolladores de IA reconocen los retos de la fiabilidad, tanto los detectives privados como los periodistas se consolidan como figuras esenciales para garantizar la certeza, la legitimidad y la cadena de custodia de los datos, en beneficio de la seguridad jurídica y de una sociedad bien informada.
Paradójicamente, en una era donde la IA parecía haber llegado para salvarnos de la mentira, profesiones como el periodismo y la investigación privada resultan hoy más imprescindibles que nunca.