Los cerramientos de cristal han dejado de ser una solución reservada a terrazas y galerías. Cada vez tienen más protagonismo en la distribución interior de los pisos y en el diseño de viviendas unifamiliares, donde permiten conectar el salón con el jardín, aprovechar porches y crear espacios versátiles sin renunciar a la luminosidad.
La tendencia no consiste únicamente en instalar grandes superficies acristaladas. El objetivo es integrar el vidrio en la arquitectura, mejorar la relación entre el interior y el exterior y adaptar cada estancia a diferentes usos.
Perfiles mínimos y grandes cristaleras
Una de las tendencias más visibles es reducir el protagonismo de los marcos para que el vidrio ocupe la mayor superficie posible. “Las correderas de gran formato y los perfiles estrechos permiten crear fachadas más ligeras, ganar luz natural y disfrutar de las vistas sin tantos obstáculos visuales”, explican desde Persianas Persiplast.
En un piso, esta solución resulta especialmente interesante para conectar el salón con una terraza o un balcón. La continuidad visual hace que ambas zonas parezcan formar parte de un mismo ambiente, aunque sigan separadas por el cerramiento. También permite aprovechar mejor la luz en viviendas con poca iluminación natural, siempre que la orientación y los edificios próximos lo permitan.
En las viviendas unifamiliares, las posibilidades son todavía mayores.
Cortinas de cristal y sistemas plegables para abrir los espacios
Otra tendencia es apostar por cerramientos que se adapten al uso de la vivienda. Las cortinas de cristal y los sistemas plegables permiten proteger una terraza o un porche cuando hace frío o llueve y recuperar una apertura amplia cuando el tiempo acompaña.
Mantienen despejadas las vistas y reducen la presencia de perfiles verticales. Los paneles pueden desplazarse y recogerse hacia un lateral, de manera que la terraza permanece visualmente conectada con el exterior. Es una opción para quienes quieren proteger este espacio del viento y la lluvia sin renunciar a la sensación de estar al aire libre.
Hay una diferencia importante que conviene conocer: una cortina de cristal sin perfiles verticales no ofrece necesariamente el mismo aislamiento que una carpintería con doble acristalamiento y juntas estancas. Su principal ventaja es la apertura y la continuidad visual.
Vidrios de altas prestaciones
La tercera tendencia responde a una necesidad práctica: conseguir que las grandes superficies acristaladas sean compatibles con una vivienda eficiente.
Ya no basta con instalar una cristalera que proporcione luz y buenas vistas. También hay que controlar las pérdidas de calor en invierno, la entrada de calor en verano y el ruido procedente del exterior.
Para conseguirlo, los cerramientos actuales pueden incorporar doble acristalamiento, vidrios bajo emisivos y tratamientos de control solar. Cada solución cumple una función diferente. Los vidrios bajo emisivos ayudan a reducir la transferencia de calor, mientras que los de control solar limitan parte de la radiación que entra en la vivienda. La elección debe ajustarse a la orientación, el clima y las características del edificio.