La piscina vive su mejor momento desde la pandemia. El sector facturó más de 1.800 millones de euros en el primer semestre de 2026, un 7,7 % más, según el Barómetro Sectorial de la Piscina en España que elabora Asofap. El impulso llega sobre todo de la vivienda: los proyectos residenciales ganan peso frente a las piscinas de uso colectivo.
Qué buscan hoy los propietarios
El mismo barómetro señala las dos prioridades de los propietarios: un mantenimiento sencillo y un menor consumo de agua y energía. La piscina prefabricada de poliéster responde a ambas. Se fabrica en una sola pieza, sin juntas, por lo que evita filtraciones y reduce el mantenimiento. Además, el material ayuda a conservar la temperatura del agua y reduce la necesidad de calefacción.
A esto se suma una instalación con menos obra que una piscina de hormigón construida en la parcela. Por eso es una opción habitual en espacios donde una obra grande no es viable, como terrazas, áticos o patios pequeños.
Más de 30 modelos, de la terraza al jardín
El catálogo de Roblepol reúne más de 30 modelos. Van desde piscinas de 2 × 2 m y 0,7 m de profundidad, pensadas para terrazas, hasta el modelo Artemisa, de hasta 20 m de largo para nadar. Hay modelos con escalera romana, zonas de descanso, bancada para hidromasaje y versiones en las que se hace pie en todo momento. La oferta se completa con accesorios: filtros, bombas, iluminación, escaleras, pasamanos, toboganes y limpiafondos.
«Cada vez más clientes nos piden una piscina que se instale sin meses de obra y que no dé trabajo después. Llevamos más de 30 años fabricando en poliéster y sabemos cómo hacer que dure», explica María del Mar, gerente de Roblepol.