Cada diciembre, miles de personas se acercan a una administración para comprar lotería de navidad en Madrid y en otras ciudades españolas. El gesto forma parte de los preparativos de Navidad y tiene una dimensión que va más allá del posible premio. Familias, compañeros de trabajo, amigos y asociaciones comparten décimos y el número elegido puede convertirse en una forma de mantener una costumbre que se repite cada año.
El Sorteo Extraordinario de Navidad se celebra cada 22 de diciembre y tiene una presencia consolidada en la sociedad española. Su funcionamiento es conocido por buena parte de la población, cada décimo cuesta 20 euros y participa con un número de cinco cifras. El sorteo utiliza el sistema tradicional, con un bombo para los números y otro para los premios. En la actualidad se emiten 195 series de 85.000 billetes cada una y el 70% de la emisión se destina a premios.
La historia de esta tradición comienza en 1812, cuando se celebró el primer sorteo de la Lotería Nacional. En aquel momento, el precio del billete era de 40 reales y el primer premio alcanzaba los 8.000 pesos fuertes. Con el paso de los años, el sorteo fue incorporando cambios hasta adquirir su actual relación con las fiestas navideñas.
En 1892 comenzó a utilizarse la denominación “Sorteo de Navidad” y cinco años después apareció ese título en los décimos. La tradición también atravesó diferentes momentos de la historia española. En 1938 se celebraron dos sorteos, uno en Barcelona y otro en Burgos, debido a la Guerra Civil. En 1957 llegó otro cambio relevante: el sorteo fue televisado por primera vez.
Otro elemento que contribuyó a consolidar su identidad son los niños del Colegio de San Ildefonso, encargados de cantar los números y premios. Su participación comenzó en los sorteos de la Lotería Nacional en 1771, mucho antes de que existiera el actual Sorteo de Navidad. En 1984, con la transformación del colegio en mixto, comenzaron a participar también niñas.
Una de las características que diferencia a este sorteo es la manera en que se participa. No es extraño que un mismo número se distribuya entre familiares, amigos, compañeros de una empresa o integrantes de una asociación. Cada persona adquiere una participación del décimo y, si resulta premiado, recibe la parte correspondiente.
Esta forma de compartir también explica por qué el sorteo está presente en reuniones y conversaciones durante las semanas previas al 22 de diciembre. “Elegir un número relacionado con una fecha, mantener el de años anteriores o comprar el mismo que lleva un grupo son prácticas habituales que se transmiten entre generaciones”, afirman desde Loterías Doña Sol.
El peso económico de la tradición también es significativo. Para el sorteo actualmente establecido, la emisión alcanza los 3.315 millones de euros, de los cuales 2.320,5 millones se destinan a premios. Se distribuyen más de 26 millones de premios entre las diferentes categorías.
La Lotería de Navidad ha conseguido adaptarse a los cambios sociales sin perder sus principales rasgos. Las compras presenciales conviven con las opciones digitales, mientras que las administraciones continúan siendo lugares de encuentro durante las semanas previas al sorteo. Cada 22 de diciembre, esa combinación entre costumbre, participación colectiva y expectativa vuelve a formar parte de la vida cotidiana de muchas personas. Más allá de acertar un número, la tradición demuestra cómo una práctica iniciada hace más de dos siglos puede seguir teniendo un espacio propio en la Navidad española.