El interés por los tratamientos estéticos ha crecido en los últimos años y cada vez son más las personas que los incorporan dentro de sus rutinas de cuidado personal. Una clínica de medicina estética puede ofrecer distintas alternativas destinadas a mejorar el aspecto de la piel, tratar signos asociados al paso del tiempo o trabajar determinadas zonas del cuerpo. La elección depende de las necesidades de cada persona, su estado de salud y los objetivos que se planteen antes de comenzar.
El cambio también se observa en la manera de entender estos procedimientos. Ya no se trata únicamente de buscar una modificación estética, sino de acompañar el cuidado personal y, en algunos casos, mejorar la percepción que una persona tiene de sí misma. Un informe presentado por la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) en abril de 2026 señala que el 46% de la población española se ha realizado algún tratamiento de estética y que otro 30% se plantea hacerlo. Además, ocho de cada diez personas consultadas consideran que muchas personas recurren a estos tratamientos para mejorar su autoestima.
Dentro de la medicina estética existen tratamientos faciales orientados a mejorar la calidad de la piel, reducir determinadas arrugas o recuperar hidratación y firmeza. Entre ellos se encuentran los tratamientos con ácido hialurónico, bioestimuladores de colágeno, neuromoduladores, láser, radiofrecuencia, peelings y diferentes técnicas destinadas a mejorar la textura y el aspecto de la piel. No todos persiguen el mismo resultado ni están indicados para todas las personas.
El rejuvenecimiento facial es una de las áreas que concentra buena parte de la demanda. De acuerdo con el informe de la SEME, el 55% de los pacientes consultados señaló como objetivo la mejora de la textura, hidratación y color de la piel, mientras que el 23% recurrió a tratamientos conocidos como skinboosters. Estos datos muestran una preferencia por procedimientos que buscan mejorar la calidad cutánea sin modificar de forma marcada los rasgos del rostro.
Desde Catalano Medicina Estética, explican que “el rejuvenecimiento corporal reúne otro grupo de tratamientos. En este caso, las opciones pueden estar destinadas a trabajar la flacidez, la grasa localizada o determinadas alteraciones de la piel”.
Entre los procedimientos que recoge el informe de 2026 aparecen los tratamientos para la flacidez mediante HIFU, con un 11% de demanda, y técnicas de reducción de grasa localizada como la criolipólisis o la endolift corporal, que alcanzan el 8%. También se incluyen tratamientos vinculados a la pérdida de peso y a la estimulación del colágeno.
El crecimiento de la demanda también ha ampliado el perfil de quienes recurren a estos servicios. El mismo estudio indica que el 69% de los pacientes son mujeres y el 31% hombres, mientras que el interés aparece en distintos grupos de edad. Para algunas personas, el objetivo está relacionado con el envejecimiento; para otras, con el cuidado de la piel, la recuperación de determinadas zonas corporales o la búsqueda de mayor bienestar.
Sin embargo, el aumento de estos procedimientos también hace necesario prestar atención a la seguridad. La SEME advierte que los tratamientos de medicina estética deben realizarse por médicos cualificados y en centros sanitarios autorizados. El informe de 2026 señala que el 75% de la población conoce que estos procedimientos pueden implicar riesgos médicos, aunque persiste un nivel de desconocimiento sobre quién puede realizarlos y dónde deben llevarse a cabo.
Antes de elegir un tratamiento, la valoración profesional permite determinar si existe una indicación adecuada, explicar los resultados que pueden esperarse y conocer posibles contraindicaciones. También es importante recibir información sobre el procedimiento, sus cuidados posteriores y los posibles efectos secundarios. La decisión debería partir de las necesidades de cada persona y no únicamente de una tendencia o de una imagen vista en redes sociales.
El crecimiento de la medicina estética refleja una sociedad que presta más atención al cuidado personal y al bienestar. Para quienes deciden recurrir a estos procedimientos, informarse, consultar con profesionales y establecer expectativas realistas son pasos que forman parte del propio tratamiento. Cuidar la imagen personal puede ser compatible con el bienestar siempre que la decisión se tome con información y pensando primero en la salud.