Un sábado a las ocho y media de la mañana, y la sala llena. El Barceló Granada Congress acogió ayer la primera edición de AURA, el Congreso de Entrenamiento de la Atención y Autorregulación en el Aula, que reunió a docentes de Infantil, Primaria y Secundaria, equipos directivos y orientadores con un objetivo común: llevar al aula lo que la neurociencia sabe sobre la atención, con herramientas que puedan usarse al día siguiente. La organización lo bautizó como el «efecto lunes».
En la bienvenida institucional, la Junta de Andalucía destacó la colaboración entre lo público y lo privado para dar al alumnado los mejores recursos y recordó que el segundo ciclo de Infantil es el momento de sentar una base sólida para toda la vida. El Colegio Oficial de la Psicología de Andalucía Oriental (COPAO) defendió el trabajo conjunto de docentes, orientadores, familias y profesionales de la salud para comprender a cada niño y a cada niña.
Lina Cómbita, cofundadora y directora científica de Neuromindset, habló de «un sueño hecho realidad» tras más de veinte años investigando la atención: lo que antes era un problema puntual hoy se ve en aulas enteras. Y lo resumió así: «Si no hay atención, no hay autorregulación; si no hay atención, no hay aprendizaje». Su deseo, que AURA sea «el primero de muchos» y el germen de una comunidad estable entre laboratorio y escuela: «Soñamos en grande, pero vamos con pasos pequeñitos».
El cerebro atento
La ponencia inaugural corrió a cargo de Charo Rueda, catedrática de Psicología de la Universidad de Granada, directora del Departamento de Psicología Experimental, investigadora del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva del Desarrollo (CIMCYC) y autora de Educar la atención con cerebro. Partió de la evolución para explicar por qué el ser humano tiene una infancia tan larga —más del 30 % de su vida— y por qué eso es una ventaja: una ventana de plasticidad mucho mayor que la de cualquier otra especie. Si el entorno ofrece oportunidades de aprendizaje, el cerebro las aprovecha; si no, se resiente.
«Somos un animal cuyo cerebro ha evolucionado para ser cada vez más moldeable por la experiencia». Charo Rueda, catedrática de Psicología de la Universidad de Granada
Rueda distinguió entre el modo rápido del cerebro, reactivo y automático, y el modo lento, voluntario y guiado por objetivos, que madura más tarde —de ahí la vulnerabilidad de la adolescencia— pero es el más permeable a la experiencia. Presentó la atención como «el suelo» de las funciones ejecutivas y compartió resultados de su laboratorio, que sigue a niños desde los seis meses hasta los siete años: el control de la atención ya se aprecia a los nueve meses, anticipa cómo será a los cinco años y mejora con el entrenamiento. «En la universidad hacemos preguntas, pero las preguntas tienen que estar en relación con los problemas», dijo, para reivindicar foros como AURA, donde el laboratorio escucha al aula.
Del laboratorio al aula, en directo
En el primer taller, el equipo de Neuromindset convirtió la sala en una clase: juegos de «cabeza y rodilla» con señal de stop y reglas invertidas para trabajar el control inhibitorio y la flexibilidad, series de números al derecho y al revés para la memoria de trabajo, grupos de «aire, tierra y mar» y tarjetas declasificación que forman parte del Kit del Aula. Los docentes compartieron sus propias estrategias, la base de la metacognición, y se llevaron tres consejos: avanzar de lo sencillo a lo complejo, nombrar los procesos en clase («activa tu flexibilidad», «cuida tu atención: es un tesoro») y dar al cuerpo su espacio. «No esperemos que pasen toda la mañana sentados y atendiendo, porque es imposible: su cerebro se está desarrollando», recordó Lina Cómbita.
La deuda cognitiva de la Inteligencia artificial
Tras el café, Joan Paul Pozuelos, doctor en Neurociencia y fundador de Neuromindset, pidió a la sala que bajara un dedo por cada cosa para la que usa la inteligencia artificial: nadie terminó con los diez levantados. Su advertencia: hasta ahora la tecnología nos ayudaba a hacer; la IA empieza a ayudarnos a pensar, y delegar el razonamiento no es lo mismo que delegar la orientación en el GPS. Citó un estudio en el que el 83 % de quienes habían escrito un ensayo con ChatGPT no recordaba, una semana después, ni una frase de su propio texto, y otro con más de mil alumnos de Secundaria: con la IA resolvían mejor los problemas de matemáticas, pero sin ella rendían un 17 % menos en el examen. La excepción, cuando la IA hacía de tutor y respondía con preguntas en lugar de soluciones: entonces no había pérdida. Lo llamó «deuda cognitiva»: se pide prestado el razonamiento para conseguir hoy un producto perfecto y se paga con aprendizaje.
“En el aprendizaje no necesitamos resultados perfectos, necesitamos procesos adecuados». Joan Paul Pozuelos, doctor en Neurociencia y fundador de Neuromindset
Para el aula propuso pensar primero y preguntar a la IA después; la regla de «tres antes de mí» (¿lo tienes en tus notas?, ¿lo has buscado?, ¿se lo has preguntado a un compañero?); esperar unos segundos antes de ayudar; preguntar «¿cómo lo has pensado?» y evaluar el proceso, no solo el producto. Explicó el modelo de trabajo de Neuromindset —atención, metacognición, regulación emocional y mentalidad de crecimiento— y cerró con la sala abriendo los puños, dedo a dedo, con lo que no conviene delegar: atender, esperar, generar la primera idea, planificar, equivocarse y reintentar, dudar, verificar, saber qué no sé, decidir y disfrutar del esfuerzo.
Funciones ejecutivas: seis claves para el aula
Jesús C. Guillén, doctor en Ciencias de la Educación, profesor de la Cátedra de Neuroeducación de la Universidad de Barcelona y creador del espacio de divulgación Escuela con Cerebro, recogió el testigo: «hay vida más allá de la respuesta». Repasó los pilares de un cerebro sano, que lo son también de una buena educación —sueño, actividad física, alimentación, retos, gestión del estrés, naturaleza y vínculos— y definió las funciones ejecutivas como habilidades, no capacidades innatas: se pueden entrenar. Con un juego de figuras y gestos que cambiaban de regla puso a prueba la memoria de trabajo, el control inhibitorio y la flexibilidad de toda la sala. Sus consejos: trabajarlas de forma intencional, global y continuada, como en el gimnasio; no sobrecargar con enunciados largos; dejar momentos de desconexión; enseñar la monotarea, y apoyarse en hábitos más que en la fuerza de voluntad, porque, recordó, quienes mejor se controlan no lo hacen a base de voluntad, sino de buenas rutinas.
Por la tarde, el programa continuó con una mesa redonda sobre cómo tender puentes entre neurociencia y aula, un segundo taller práctico y el cierre de Anna Forés, de la Cátedra de Neuroeducación de la Universidad de Barcelona (Optimizando la educación: comunidad educativa en acción). Cada asistente se llevó el Kit del Aula AURA y su certificado.
Granada Social, medio colaborador, acompañó el congreso con sus micrófonos, que pasaron de mano en mano en el escenario, y con un set de pódcast en el que recogió las voces de los asistentes. Startidea, agencia de innovación social y patrocinador del congreso, se ocupó además de las bolsas de bienvenida y de parte de la campaña de difusión.